Discúlpame si no logré hallarte, pero te puedo jurar que sí lo intenté y ten por seguro que fue más de una vez.
Quizá nuestro error, o más bien el mío, fue creer en el destino. Creer que las cosas son como en las películas, creer que, aunque por más difícil que sea, nos volveríamos a ver, que el destino se encargaría de juntarnos.
Algunos podrían decir que desaprovechamos el primer y único encuentro que tuvimos, pero yo no, y estoy completamente seguro de que tú tampoco lo estás. Creo que fue totalmente mágico, quizá no hubo muchas palabras, ni caricias, ni nada de esas cosas por el estilo, que a la gente se le viene inmediatamente a la cabeza cuando hablan de amor. Lo de nosotros, como anteriormente dije, fue mágico, una conexión especial.
Desde aquel momento en que mis ojos se cruzaron con aquellos ojos color miel, supe enseguida que eras tú, que eras tú aquella persona que había buscado durante tanto tiempo, me atrevería a decir que por más de cinco años, tal vez tosa mi vida. No puedo afirmar que tú hallas sentido lo mismo por mí, es mas debo reconocer que pasé un buen tiempo creyendo que esto no era más que otro rollo mío, llegué a creer que aquel instante no había sido nada más que un hermoso sueño producto de mi imaginación.
Pero estoy casi seguro de que tú también sentiste lo mismo por mí, o por lo menos trato de convencerme de ello. Tu mirada no iba dirigida como si mirases a un simple extraño, que nunca antes habías tenido la oportunidad de ver en tu vida y que no afectaría absolutamente en nada a tu vida, ni interferiría en tu futuro.
¿Por qué estoy tan seguro de esto? Es porque recuerdo esa noche perfectamente...
Fue hace, exactamente dos años, un 9 de abril.
Era mi cumpleaños, el peor que había tenido, por supuesto, hasta ese momento...
Yo iba conduciendo por la carretera, ebrio, cuando me percaté de que el tanque de la gasolina estaba prácticamente vacío, y no llevaba ni siquiera la mitad del trayecto. Para mi gran suerte logré divisar una gasolinera en 2 kilómetros más. Llené el tanque o eso creí y decidí, si es que en ese estado es posible decidir algo, que un poco de aire no me vendría nada de mal. Pero cuando mis pies pisaron aquel suelo de cemento, creí que no había sido una buena idea, no podía caminar bien, iba prácticamente tambaleando, localicé la acera más cercana y cuando sólo me faltaban más o menos 3 metros para llegar, fue cuando te vi.
Te encontrabas a dos cubículos de mí. ¡Oh mierda! Un camión se acercaba hacia mí, mi vista se nubló y de pronto me percaté de que dos cálidos brazos me sostenían, creo que si no hubiese sido por tí, ese camión me hubiese hecho añicos. Pero ¡cielos! Me estabas sosteniendo, me encontraba en tus brazos, ¡me habías salvado la vida!. Y fue en ese instante cuando escuché aquella melódica voz.
-¿No ha sido un buen día verdad?- no podía ser verdad esto debía de ser un sueño.
-Definitivamente no. Esto... gracias- me sonrojé.
-¿Qué? Ah. No es nada- sus mejillas se tornaron de un color rojizo-Para mí tampoco ha sido un día agradable, que digamos- sonrió-.
Le devolví la sonrisa, pero ¡diablos! No hallaba que decir, al contemplar aquel rostro tan perfecto, bien podría haber dicho que se me olvidó como se hablaba.
-Y dime trabajas aquí-le pregunté. Sus labios se movieron para contestar, cuando sonó su teléfono móvil, lo sacó de su bolsillo derecho y noté que su dedo iba directamente al botón para apagar el móvil, cuando sus ojos divisaron quien era la persona la cual lo había llamado.
-¡mierda!-dijo-de veras que lo siento, me tengo que ir, digamos que ha surgido un asunto de suma importancia
-No te preocupes- esta bien, los sueños siempre acaban ¿no?- gracias, de nuevo-dije-.
-Espero salvarte la próxima vez en que estés en peligro- soltó una risita y salió corriendo.
Corrías de una manera particular, muy auténtica; me quedé petrificado, viendo como te alejabas. ¿Un héroe?, ¿Un ángel?, ¿Mi héroe?. Eso fue lo primero que pensé después de que te fueras. Estaba ebrio ¿recuerdas?.
No tuve la oportunidad de preguntarte tu teléfono, de donde eras, ni nada, como para poder contactarte luego.
Si esto le hubiese pasado a cualquier, otra, persona normal hubiera creído que así lo había decidido el destino, que no deberíamos volver a vernos, pero yo no, al diablo con eso del destino, al fin y al cabo, tú formas tus propias decisiones, no hay ningún destino, ni nada que decida por tí. Quizá, como ya dije, esto sea sólo una fantasía mía, Quizá tu ya tengas novia, estés casado, tengas una familia, o te estés casando en este preciso instante. Quien sabe...
¡Hola!, mi nombre es Gerard, se supone que de esta manera debí de haber comenzado, pero como ya dije no soy una persona normal. El tuyo es Frank, lo ví en tu polera, bordado. Sí, era obvio que trabajabas ahí.
Ese fue el primer lugar que visité, ahí me dieron la misma información de tí que tenía desde el principio, quiero decir, nada.
Me han detectado una enfermedad mortal, yo no suelo ser de esas personas que se echan a morir fácilmente, pero ese no es el asunto. El asunto es que deseaba poder encontrarte y no fue posible.
Te preguntarás ¿porqué ahora? Ahora en que me estoy muriendo, o posiblemente esté muerto cuando la leas, aunque lo dudo.
Te preguntarás que ¿cómo hice para que esta carta llegara a tus manos y aquellos hermosos ojos la leyeran? Bueno, la respuesta es, que ni yo lo sé. Simple, pero de lo que si estoy completamente seguro es de que la leerás.
La gran pregunta es porqué estoy tan confiado si ya me pasó una vez, cuando creí que la vida era como en las películas y una fuerza misteriosa acabaría por reencontrarnos, pero no, no fue así.
La respuesta a esa interrogante es que, tú lo prometiste, prometiste que la próxima vez también me salvarías, bien, estoy esperando.
La próxima vez en que te vea, quizá sea la última vez que vea, te irás, porque la parte más difícil de todo esto es dejarte.
Discúlpame si no logré hallarte... Antes.
Quizá nuestro error, o más bien el mío, fue creer en el destino. Creer que las cosas son como en las películas, creer que, aunque por más difícil que sea, nos volveríamos a ver, que el destino se encargaría de juntarnos.
Algunos podrían decir que desaprovechamos el primer y único encuentro que tuvimos, pero yo no, y estoy completamente seguro de que tú tampoco lo estás. Creo que fue totalmente mágico, quizá no hubo muchas palabras, ni caricias, ni nada de esas cosas por el estilo, que a la gente se le viene inmediatamente a la cabeza cuando hablan de amor. Lo de nosotros, como anteriormente dije, fue mágico, una conexión especial.
Desde aquel momento en que mis ojos se cruzaron con aquellos ojos color miel, supe enseguida que eras tú, que eras tú aquella persona que había buscado durante tanto tiempo, me atrevería a decir que por más de cinco años, tal vez tosa mi vida. No puedo afirmar que tú hallas sentido lo mismo por mí, es mas debo reconocer que pasé un buen tiempo creyendo que esto no era más que otro rollo mío, llegué a creer que aquel instante no había sido nada más que un hermoso sueño producto de mi imaginación.
Pero estoy casi seguro de que tú también sentiste lo mismo por mí, o por lo menos trato de convencerme de ello. Tu mirada no iba dirigida como si mirases a un simple extraño, que nunca antes habías tenido la oportunidad de ver en tu vida y que no afectaría absolutamente en nada a tu vida, ni interferiría en tu futuro.
¿Por qué estoy tan seguro de esto? Es porque recuerdo esa noche perfectamente...
Fue hace, exactamente dos años, un 9 de abril.
Era mi cumpleaños, el peor que había tenido, por supuesto, hasta ese momento...
Yo iba conduciendo por la carretera, ebrio, cuando me percaté de que el tanque de la gasolina estaba prácticamente vacío, y no llevaba ni siquiera la mitad del trayecto. Para mi gran suerte logré divisar una gasolinera en 2 kilómetros más. Llené el tanque o eso creí y decidí, si es que en ese estado es posible decidir algo, que un poco de aire no me vendría nada de mal. Pero cuando mis pies pisaron aquel suelo de cemento, creí que no había sido una buena idea, no podía caminar bien, iba prácticamente tambaleando, localicé la acera más cercana y cuando sólo me faltaban más o menos 3 metros para llegar, fue cuando te vi.
Te encontrabas a dos cubículos de mí. ¡Oh mierda! Un camión se acercaba hacia mí, mi vista se nubló y de pronto me percaté de que dos cálidos brazos me sostenían, creo que si no hubiese sido por tí, ese camión me hubiese hecho añicos. Pero ¡cielos! Me estabas sosteniendo, me encontraba en tus brazos, ¡me habías salvado la vida!. Y fue en ese instante cuando escuché aquella melódica voz.
-¿No ha sido un buen día verdad?- no podía ser verdad esto debía de ser un sueño.
-Definitivamente no. Esto... gracias- me sonrojé.
-¿Qué? Ah. No es nada- sus mejillas se tornaron de un color rojizo-Para mí tampoco ha sido un día agradable, que digamos- sonrió-.
Le devolví la sonrisa, pero ¡diablos! No hallaba que decir, al contemplar aquel rostro tan perfecto, bien podría haber dicho que se me olvidó como se hablaba.
-Y dime trabajas aquí-le pregunté. Sus labios se movieron para contestar, cuando sonó su teléfono móvil, lo sacó de su bolsillo derecho y noté que su dedo iba directamente al botón para apagar el móvil, cuando sus ojos divisaron quien era la persona la cual lo había llamado.
-¡mierda!-dijo-de veras que lo siento, me tengo que ir, digamos que ha surgido un asunto de suma importancia
-No te preocupes- esta bien, los sueños siempre acaban ¿no?- gracias, de nuevo-dije-.
-Espero salvarte la próxima vez en que estés en peligro- soltó una risita y salió corriendo.
Corrías de una manera particular, muy auténtica; me quedé petrificado, viendo como te alejabas. ¿Un héroe?, ¿Un ángel?, ¿Mi héroe?. Eso fue lo primero que pensé después de que te fueras. Estaba ebrio ¿recuerdas?.
No tuve la oportunidad de preguntarte tu teléfono, de donde eras, ni nada, como para poder contactarte luego.
Si esto le hubiese pasado a cualquier, otra, persona normal hubiera creído que así lo había decidido el destino, que no deberíamos volver a vernos, pero yo no, al diablo con eso del destino, al fin y al cabo, tú formas tus propias decisiones, no hay ningún destino, ni nada que decida por tí. Quizá, como ya dije, esto sea sólo una fantasía mía, Quizá tu ya tengas novia, estés casado, tengas una familia, o te estés casando en este preciso instante. Quien sabe...
¡Hola!, mi nombre es Gerard, se supone que de esta manera debí de haber comenzado, pero como ya dije no soy una persona normal. El tuyo es Frank, lo ví en tu polera, bordado. Sí, era obvio que trabajabas ahí.
Ese fue el primer lugar que visité, ahí me dieron la misma información de tí que tenía desde el principio, quiero decir, nada.
Me han detectado una enfermedad mortal, yo no suelo ser de esas personas que se echan a morir fácilmente, pero ese no es el asunto. El asunto es que deseaba poder encontrarte y no fue posible.
Te preguntarás ¿porqué ahora? Ahora en que me estoy muriendo, o posiblemente esté muerto cuando la leas, aunque lo dudo.
Te preguntarás que ¿cómo hice para que esta carta llegara a tus manos y aquellos hermosos ojos la leyeran? Bueno, la respuesta es, que ni yo lo sé. Simple, pero de lo que si estoy completamente seguro es de que la leerás.
La gran pregunta es porqué estoy tan confiado si ya me pasó una vez, cuando creí que la vida era como en las películas y una fuerza misteriosa acabaría por reencontrarnos, pero no, no fue así.
La respuesta a esa interrogante es que, tú lo prometiste, prometiste que la próxima vez también me salvarías, bien, estoy esperando.
La próxima vez en que te vea, quizá sea la última vez que vea, te irás, porque la parte más difícil de todo esto es dejarte.
Discúlpame si no logré hallarte... Antes.


